La comedia profana de Giannina Braschi: poesía puertorriqueña posmoderna

En esta reseña de La comedia profana, el crítico puertorriqueño Juan Martínez Capó descubre la fuerza teatral de Giannina Braschi en el momento de su primera publicación. Califica el libro de “original, exasperante, caótico y satisfactorio, todo a la vez” y sigue sus transformaciones a través del sueño, el circo, la commedia dell’arte, la bacanal, la pastoral y la nada.
Publicada en El Mundo el 28 de diciembre de 1986, la reseña constituye un documento importante de la recepción temprana de Braschi. Martínez Capó reconoce su diálogo con Garcilaso de la Vega, Góngora, Shakespeare, Lorca y Borges, pero sitúa la fuerza última de la obra en “ese sí gigantesco a la vida”.
Nota editorial: Juan Martínez Capó reseña la edición española original de 1985 y sigue la organización de aquel volumen. Braschi amplió y reconfiguró posteriormente La comedia profana como parte central de El imperio de los sueños (1988), traducido por Tess O’Dwyer como Empire of Dreams (1994).
Crítica literaria de Juan Martínez Capó
Por Juan Martínez Capó
Especial para El Mundo, domingo 28 de diciembre de 1986
Giannina Braschi, La comedia profana; Barcelona, Anthropos, Ámbitos Literarios, Poesía 79, 1985, 194 pp.
Poesía posmoderna: la vida como escenario y manuscrito
La comedia profana, libro original, exasperante, caótico y satisfactorio, todo a la vez, es el segundo poemario de Giannina Braschi, en el cual la autora, utilizando las dos convenciones literarias de la vida como escenario y la vida como manuscrito, aporta un texto que se vive a la par que se escribe y se representa.
Importa saber cómo describe un autor su obra, aunque no se le tome al pie de la letra, y Braschi, tal vez con una buena dosis de ironía en su autocontemplación, describe así este poemario —que, por cierto, se redacta como si fuera prosa— en su advertencia:
“Fue escrito para el mundo y para la vida y para las muchedumbres y las masas. Y fue escrito para las élites y los pensadores y los filósofos. Es el libro de las exclamaciones y las interjecciones. Y es el libro de Baco y Fausto. Y del poeta niño. Y del poeta actor. Y del poeta filósofo…”.
Según se ve, hay de todo, como en botica. Tanto, que Braschi se ha visto precisada a ofrecer su baúl-mundo en seis sublibros, que comienzan con “Alfabeto de Dios”. Este libro inicial entronca con el primero que publicó Braschi, Asalto al tiempo, del cual me ocupé al salir en 1981.
El tema de la vida como manuscrito presenta al hombre como atrapado entre letras, caminante entre palabras, atento a los policías de tránsito que son los signos de puntuación:
“Hola. Como regresaste tarde olvidé que te había escrito una línea, y recordé que la línea había recogido un papel que me mandaste para que le escribiera al libro un recuerdo. Otra vez te has olvidado de las comas. No, no me olvidé. Ellas olvidaron ponerle un punto final a la memoria…”.
El texto resalta el ancho trecho entre lo que se dice y lo que se precisa; no hay conversación; en lugar de diálogos, todo es un largo soliloquio, un monólogo coreado.
Entradas y salidas son las mismas:
“Yo estaba regresando por el desenlace cuando me encontré con la entrada”.
¿De qué me sirve —se pregunta la autora— estar en la dimensión desconocida?
Hay una cualidad onírica en muchos de estos textos. A veces dan la impresión de que la poeta ha caído por casualidad en otro sueño que no es el suyo; inmediatamente, sin saber principio ni fin, trata de incorporarse a este sueño invadido con resultados fascinantes, desconcertantes. Todo muy borgiano. Hacia el final —poema 30— el espacio ha quedado abolido.
Teatro y poesía: payasos, bufones y commedia dell’arte
En el segundo texto, “El Libro de los Payasos y los Bufones”, estamos en el circo de la vida, poblado de bufones, payasos, locos y magos:
“Yo he sido adivina”, anuncia de entrada Braschi, la pitonisa.
La metamorfosis, lo proteico, son el signo de este libro: nada es lo que es, todo es intercambiable, transformable:
“Quién sabe si mañana podrá dormirse la liebre con el sueño del conejo, y si el conejo podrá volar con las alas del avestruz, o si el avestruz podrá ladrar con el maullido del gato, o si el gato entre las patas de la gata pudiera hacerse león o liebre que corre para tocarle el corazón a quien procure entregarle su otra parte, ala, ladrido o palabra…”.
Esa equiparación de elementos disímiles en serie alcanza a la llamada enumeración caótica:
“Mundo. Universo. Planeta. Pronto, pronto, pronto. —Por poco cae. —No se cayó. Periódico vacío. Día, dolor, cantimplora. Explota, pólvora, bomba…”.
En ese final del poema 48, pongamos por caso, la aglomeración de elementos y el atropellamiento verbal hacen algo ilegible el discurso.
Tal vez todo esto tenga que ver con el concepto de poesía como locura, tan presente en la lírica vivencial de Francisco Matos Paoli. Véase el principio del poema 51:
“Todo parece poesía. Los locos miran alto. Todo parece locura. Los locos no temen, no temen al fuego. Las quemaduras del cuerpo son poesía. Las heridas de los locos son poesía…”.
Poesía de la exuberancia: “Los Poemas del Mundo”
“Los Poemas del Mundo”, tercer libro, abre bajo el signo de lo báquico: la orgía, lo bacanal, la fiesta, la ceremonia, el rito. Lo proteico resurge como característica del amor:
“Todo poblado y abastecido de ti. No hay nada vacío. Y estás vacío y lleno y me cazas como animal y me destrozas la piel, y eres el cazador de mi bosque, y yo soy el rinoceronte, y tú el buitre, amor, y yo el canguro…”.
La intertextualidad se incorpora al texto que se redacta, en las alusiones a los libros que lo preceden:
“Yo inventé el alfabeto de Dios. Inventé el Libro de los Payasos y Bufones…”.
en Nueva York
El cuarto libro, “La Pastoral”, se inicia inocentemente como un nuevo canto arcádico:
“Yo quiero hablarles ahora desde el fondo de mi alma. Yo quiero hablarles de los cántaros de agua. Y de los pastores. Quiero hablarles de las zampoñas y de las flautas. Y de los rebaños. Y de las manadas de ovejas que hay en mi alma…”.
Pero no nos llamemos a engaño; no estamos ante “el dulce lamentar de dos pastores, / Salicio juntamente y Nemoroso” que cantó Garcilaso.
Esta pastoral es una égloga virada al revés; lo bucólico patas arriba.
Como en el Poeta en Nueva York de Lorca, tenemos ahora El pastor en Nueva York de Braschi, quien reside en aquella urbe:
“En el último piso del Empire State Building se ha parado un pastor a cantar y a bailar. Qué cosa no grande. Que la ciudad de Nueva York haya sido invadida por tantos pastores. Que ya no se trabaja, que sólo se canta y se baila. Y que los periodistas del New York Times, en titulares, y el Daily News griten: Los pastores han invadido a Nueva York…”.
Como lo hiciera Norman Mailer en su título Advertisements for Myself, la poeta se hace su propaganda:
“Lean La comedia profana… Esto es un anuncio. Un anuncio hecho libro…”.
Giannina se desdobla en Arlecchino, y con la comedia pastoril tenemos a la vez la Comedia del Arte.
Los enigmas, los problemas sin resolver del texto, se plantean desde el propio texto:
“Quiénes eran los porteros. Por qué se cerraban las puertas. Qué ocasionó la orgía. Y por qué hay más de cinco huevos. Por qué los prodigios. Y por qué la lotería. Por qué un libro así, señor Arlecchino. Por qué…”.
Se hace además una evaluación, pues se acerca el fin de La comedia profana propiamente:
“Este ha sido un cuento tonto. Un cuento que todavía no se acaba. Y que renace cada día. Y que tiene que contarles hasta siempre otras cosas. Espérenlas…”.
El “All the World’s a Stage” shakespeariano preside esta sección en particular, aunque es emblemático de todo el libro, en el cual es evidente la presencia del Bardo de Stratford.
Poesía filosófica: “Canto de la Nada”
El poemario, sin embargo, sigue. Queda aún “Canto de la Nada”, que se describe como “esta nueva ficción literaria” y cuyo tema parece resumirse en el verso:
“Todo se reduce a la mismísima nada”.
Surge en un momento un “Salid, sin duelo, lágrimas corriendo”, que nos remite, en la alusión garcilasiana, a aquella antiégloga anterior.
Queda, además, y a manera de coda, un “Manuscrito final”, que estaba prefigurado en “El Canto de la Nada” con el verso “en sombra, en polvo, en nada”. Estamos, pues, en ese libro último ante un homenaje a Góngora, el de aquel soneto que empieza “Mientras por competir con tu cabello” y acaba “en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada”, palabras con las que juega Braschi en el cierre de esta “comedia”, que, a diferencia de la dantesca, que es divina, o la balzaquiana, que es humana, ella llama profana.
Curiosamente, aunque La comedia profana se fundamenta en un supuesto metafórico —la vida como teatro, la vida como manuscrito—, no abunda en ella la imagen, aunque sí el juego verbal. Es como si la poeta quisiera una transcripción literal, pero no del mundo en que vive, sino de uno alterno, como esos universos paralelos que se presentan en algunas obras del mundo real. ¡Pero con cuánta diferencia, cuánto disloque!
Podría decirse que la autora ha desmontado el mundo y lo ha vuelto a armar. ¡Pero cuántos tornillos le han quedado en el suelo! ¿Olvidados o dejados adrede?
O tal vez, como Alicia, ha pasado a través del espejo…
La afirmación de la vida en la poesía de Giannina Braschi
Como sea, hay un elemento esperanzador de La comedia profana que no debe pasarse por alto ante la influencia del título “Canto de la Nada”.
En “Los Poemas del Mundo”, hay uno en que alude, como siempre, al propio texto —“Este libro no es un libro. Yo no lo leí. Yo lo viví”— y se puntualiza:
“Yo estoy dispuesta a terminar el libro con otra vida. Con otra afirmación de la vida. Con otro Sí bien grande”.
Ese sí gigantesco a la vida, después de todo, es el “mensaje” de esta comedia, lúdico breviario para actores, espectadores, lectores, poetas y locos.
Juan Martínez Capó y la crítica literaria puertorriqueña
Juan Martínez Capó fue periodista literario, cuentista, editor, crítico y ensayista. A través de sus reseñas y columnas en Puerto Rico Ilustrado y El Mundo, documentó el desarrollo de varias generaciones de la literatura puertorriqueña desde mediados de la década de 1940.
De la poesía puertorriqueña al reconocimiento internacional
Esta reseña documenta la temprana recepción de una poeta que llegaría a ocupar un lugar singular en la poesía puertorriqueña, la literatura hispanoamericana y la poesía en español en Estados Unidos. Décadas después del juicio visionario de Martínez Capó, Braschi recibió el Premio Cambio16 por su trayectoria y su literatura de esperanza (2021); el Premio Nacional Enrique Anderson Imbert de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (2022); el Premio Angela Y. Davis de la American Studies Association (2024); y la Medalla Fray Luis de León de Poesía Iberoamericana (2025), además de un reconocimiento de su ciudad natal, San Juan, por su impacto internacional en la cultura puertorriqueña.
Lecturas relacionadas en español
En GianninaBraschi.com
- Biografía de la escritora Giannina Braschi
- La lengua española en Estados Unidos: 50.º aniversario de la ANLE
Fuentes externas
- “La genealogía de Giannina Braschi,” Latin American Literature Today
- “Escritora puertorriqueña Giannina Braschi presenta publicación en el RUM,” Universidad de Puerto Rico en Mayagüez
- “Giannina Braschi utiliza la palabra revolución: Cambiemos,” Cambio16
- Giannina Braschi en el Proyecto de la Literatura Puertorriqueña
- Premio Nacional Enrique Anderson Imbert 2022, Academia Norteamericana de la Lengua Española
Fuente académica citada
Tess O’Dwyer, “Giannina Braschi,” The Literary Encyclopedia, 19 de marzo de 2026
