Putinoika de Giannina Braschi: Análisis de Priscilla Gac-Artigas
Colectficción


Putinoika de Giannina Braschi
colectficción y poética de la descomposición
3 agosto, 2025
En este análisis, Priscilla Gac-Artigas explora Putinoika (2024), la más reciente y provocadora obra de la escritora puertorriqueña Giannina Braschi. Gac-Artigas propone que Putinoika encarna una poética colectiva y performativa que desborda los límites del testimonio individual para configurar un “nosotros” hecho de cuerpos vulnerados, lenguajes colapsados y memorias insurgentes
Putinoika(2024) de Giannina Braschi no es una obra para ser leída una vez. Con cada nueva lectura nos asomamos a una dimensión diferente de la misma. Releía recientemente la novela al tiempo que escribía un ensayo sobre las diferencias entre la poética testimonial y la poética colectficcional, y no pude impedirme analizar Putinoika bajo ese lente. Esta vez, comencé la lectura por el final y las siguientes palabras me golpearon como emblemáticas de la colectficción y la interpelación activa al lector que esta modalidad creativa propone:
…it is necessary to be acquainted with that void and to not fear that space where nothing works the way it used to because that is the place where possibilities take place. […] If you go on working in the void –there where nothing works–starts the shift that moves this work forward. Imagination starts where nothing works. […] Know what happened in the past and change the outcome”1 (276-77).
Este llamado directo de la autora a pensar el vacío no como carencia sino como umbral transformador, y a reescribir activamente la historia desde la conciencia del presente, refleja con claridad los principios estéticos, éticos y performativos de la poética colectficcional. Pero no es este el único recurso de colectficción que encontramos en la obra. Igualmente, podemos apreciar la capacidad de su autora de desbordar los límites del yo individual para encarnar, interpelar y reimaginar colectividades en crisis desde una voz poética profundamente política y performativa, así como su capacidad para desdibujar las fronteras entre el sujeto que narra y los cuerpos silenciados que emergen en su voz, entre el pasado traumático y la imaginación radical como herramienta de transformación colectiva, elementos que responden precisamente a lo que en el 2017 denominé como “colectficción”2, a partir del análisis de otra obra con características similares: Y todos éramos actores, un siglo de luz y sombra de Gustavo Gac-Artigas, en la que también el yo individual se diluye para dar paso a una voz coral que interpela al lector como agente activo en la reconstrucción de la memoria colectiva.
A continuación, un análisis de Putnoika a la luz de los parámetros de la poética colectficcional.
Del yo poético al nosotros de la humanidad violentada
En Putinoika, Braschi despliega una voz lírica que lejos de afirmarse como centro de enunciación, se disuelve en una pluralidad de voces que performan el caos del mundo contemporáneo. Esta voz se niega a ser estática o meramente personal: se metamorfosea, se fragmenta, se traviste de dictador, de víctima, de resistencia, de bestia, de poeta, de loco, de dios y de lenguaje. Esta disolución identitaria —que adopta tonalidades grotescas, satíricas y profundamente políticas— ubica el texto dentro de la noción colectficcional del paso del yo al nosotros, encarnando una voz colectiva que testimonia, resiste y rehace los vínculos entre lenguaje, cuerpo y memoria con la complicidad del lector. No hay un yo, hay múltiples “yos” que se funden en un palimpsesto de voces que se sobreescriben: la del dictador, la del disidente, la del pueblo silenciado, la del lenguaje deformado, la del poeta en su acto de rebelión verbal para denunciar la barbarie que nos rodea, la descomposición del mundo y del lenguaje que lo nombra; “yos” que, desde la herida y la desposesión, pero también desde la sátira, el desquicio y la esperanza interpelan al lector invitándolo a completar el cuadro.
Una dimensión clave de Putinoika es su entrelazamiento de figuras autoritarias globales introducidas como presencias simbólicas, alegóricas y discursivas. Si bien el texto se centra en la figura grotesca y desmesurada de Vladimir Putin, esta no aparece aislada: el eco del trumpismo resuena con fuerza. Braschi ironiza sobre el culto a la personalidad, la vulgarización del discurso político y el vaciamiento del lenguaje. Trump y Putin funcionan como figuras especulares del autoritarismo performativo, emblemas del poder mediático y el narcisismo patriarcal, muestra de que el poder disfruta expresarse en frases crípticas, en sentencias que funcionan como acertijos cuya solución implica peligro o revelación. La prosa poética de Braschi los desmonta a ambos desde la caricatura y el absurdo, mostrando que el peligro no está solo en el dictador tradicional, sino en su versión “democrática” travestida de libertad. En este sentido, Putinoika no es sólo una denuncia del autoritarismo ruso, sino una crítica a los populismos de derecha que degradan el lenguaje y banalizan la verdad en todo el mundo.
La denuncia no se limita a la geopolítica actual: abarca el deterioro de los valores humanistas, la normalización de la violencia y la banalización del poder. El yo poético se funde con las víctimas de todas las guerras y de todos los actos de violencia y con los cuerpos desechables de las sociedades hipermilitarizadas y desinformadas.
Esta expansión del testimonio es central a la colectficción: el dolor deja de ser privado para devenir político, el verso deja de ser enunciativo para volverse performativo (Butler); se vuelve resistencia y archivo de memorias colectivas.

Lenguaje performativo, polifonía textual y lector crítico o disruptivo
El discurso de Putinoika quiebra el pacto de lectura e interpela directamente al lector, lo sumerge en un torbellino semántico y lo obliga a moverse entre el asco, la risa y la incomodidad. No hay refugio. Es una escritura que no ofrece respuestas, sino que activa preguntas. La colectficción aquí se sostiene también en una performatividad del lenguaje: Braschi construye una teatralidad grotesca donde los cuerpos, los discursos y las ideologías colapsan en escena, forzando al lector a asumir una postura ética y política. El lector, en este sentido, deja de ser espectador pasivo y se convierte en testigo, interlocutor y actor. La obra demanda posicionamiento.
Esta poética de la colectficción se materializa también en la composición textual —un discurso fragmentado, híbrido— que responde a una ética de representación: el mundo en ruinas, desbordado por el horror y la propaganda, no puede ser narrado sino desde el exceso, la ruptura y la contradicción. Braschi elige así una estética de la descomposición como espejo de la descomposición geopolítica y humana que denuncia.
A través de esta propuesta, Putinoika configura una escritura que interpela al lector no desde la distancia contemplativa, sino desde el sobresalto. Apunta a un lector crítico, disruptivo, que no puede permanecer neutral frente a la violencia que se escenifica ante sus ojos. El texto lo convoca a ocupar un lugar en el conflicto, a reconocer su posición, a convertirse en testigo y cómplice, en actor y transformador. Esa activación del lector —performativa, ética, estética— es una de las marcas más definitorias de la colectficción.
El collage como forma del nosotros
En su estructura, Putinoika se sitúa en la intersección entre poesía y teatro, entre testimonio y sátira, entre ensayo filosófico y tratado político entre el grito y la burla, para construir una obra que por un lado denuncia, en tiempo real, el derrumbe de la razón y de la humanidad y por el otro, articula una crítica feroz, concreta y urgente a figuras autoritarias contemporáneas y a los sistemas de dominación que las sostienen.
En su estructura fragmentaria y polifónica, como toda obra colectficcional, Putinoika no ofrece una tesis cerrada, sino una polifonía en la que el nosotros se construye desde el disentimiento y el estremecimiento.
Con su invitación a transformar el pacto de lectura y desafiar la performatividad del lector, Braschi no escribe solo “su” historia: escribe nuestra historia en ruinas, y con ella, el derecho —y la urgencia— de seguir escribiéndola.
Putinoika, obra paradigmática de colectficción
Del mismo modo que Gustavo Gac-Artigas en Y todos éramos actores, un siglo de luz y sombra (2016) convierte al lector en cómplice desde la invocación de entrada a la novela: “yo, / a ti, / espectador, / te invoco. […] / por lo que en esta historia / no hay espectadores, / solamente actores” (10), en Putinoika, Giannina Braschi lo exhorta: “La imaginación comienza donde nada funciona. […] Conoce lo que ocurrió en el pasado y cambia el desenlace” (277, nuestra traducción). Ambas voces coinciden en una convicción central: la literatura colectficcional no observa desde afuera, actúa; no describe el horror, lo confronta; no representa al lector, lo convoca.
La estructura fragmentaria de Putinoika —tejida con retazos de discursos, aforismos, diálogos absurdos, intertextos filosóficos y culturales— no obedece a un capricho estético, sino a una necesidad ética: el mundo contemporáneo, desquiciado por el autoritarismo y la banalización de la violencia y del lenguaje, ya no puede ser narrado desde una voz única ni desde una forma estable. El collage textual que propone Braschi responde a la lógica de la colectficción: solo desde la fractura, desde el exceso, desde el descentramiento de la voz, puede emerger una verdad compartida a escrudiñar, una realidad a transformar.
En esa dispersión, Putinoika convoca una comunidad de hablantes rotos, de cuerpos heridos, de sujetos desplazados por los sistemas de poder. El yo poético no se afirma como identidad individual, sino como espacio poroso, lugar de tránsito y contagio desde el cual se construye una resistencia colectiva. Como en Y todos éramos actores, lo autobiográfico y lo histórico, lo íntimo y lo político, se entrelazan para construir una memoria que no se limita a recordar, sino que llama a reescribir.
Putinoika puede leerse, así, como una obra paradigmática de la colectficción poética contemporánea: una escritura radicalmente política que subvierte el testimonio tradicional para abrir paso a una poética colectiva, convulsa y necesaria, en la que el lenguaje también se vuelve campo de batalla. Frente al colapso del sentido, Braschi ofrece no una explicación, sino una experiencia: la de habitar el vacío como umbral de lo posible; la de reimaginar, desde el abismo, otros futuros posibles.
Bibliografía / Carátula
Braschi, Giannina. Putinoika. McAllen, TX: Brown Ink, 2024.
Gac-Artigas, Gustavo. Y todos éramos actores, un siglo de luz y sombra. New Jersey: Ediciones Nuevo Espacio, 2016.
Gac-Artigas, Priscilla. Colectficción: Sobrepasando los límites de la autoficción. Madrid: Iberoamericana Vervuert, 2022.
—. “Colectficción: trascendiendo las fronteras del yo en la creación poética.” Hybrido, vol. 26, no. 19, 2024, pp. 41–47.
—. “Colectficción: una forma transgresora de enfocar la creación literaria.” Boletín de la Academia Norteamericana de la Lengua Española, vol. XIII–XV, no. 24–26, 2021–2023, pp. 319–334.
—. “De la autoficción a la ficción colectiva: Y todos éramos actores: un siglo de luz y sombra de Gustavo Gac-Artigas.” Impossibilia: Revista Internacional de Estudios Literarios, no. 14, nov. 2017, pp. 51–72.
—. “Vivir para contarla: de la autoficción a la colectficción en la literatura y las artes.” En Demeyer, L., Magras, R., Pouzet, I. y Santini, B., eds. Instabilités et mutations: jeux du “Je” dans la littérature latino-américaine des XXe et XXIe siècles. Shäker Verlag, 2023, pp. 135–146.
—. “Del yo lírico al nosotros político: la colectficción como poética del lector performativo”. Inédito.
1 …es necesario familiarizarse con ese vacío y no temer a ese espacio donde nada funciona como antes, porque es ahí donde surgen las posibilidades. […] Si continúas trabajando en el vacío —ahí donde nada funciona—, empieza el giro que impulsa esta obra hacia adelante. La imaginación comienza donde nada funciona. […] Conoce lo que ocurrió en el pasado y cambia el desenlace. (Nuestra traducción).
2 Término acuñado por Priscilla Gac-Artigas, quien propone una superación de la autoficción mediante una escritura que apela a la participación activa del lector como sujeto performativo transforma el yo en una voz coral, una entidad plural que da lugar a la reimaginación de la experiencia compartida y a la memoria colectiva.
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Priscilla Gac-Artigas
Escritora y académica. Profesora Emérita de Lenguas del Mundo en Monmouth University (Nueva Jersey) y becaria Fulbright. Es miembro de número de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE), miembro correspondiente de la Real Academia Española (RAE), así como integrante de la Academia Tomitana y de la Academia Universalis Poetarum, en Constanza. Actualmente ejerce como Embajadora Cultural de la Fondation Européenne y l’ Académie Internationale Mihai Eminescu.
Twitter: @pgacartigas
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